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JARDIN DE CONTACTO CON NUESTRAS MASCOTAS MITOLOGIAS DEL MUSEO LA LEYENDA

SISTEMA MUSEOS DE VENEZUELA

REVISTA ESPECIALIZADA DEL MUSEO LA LEYENDA

"EL TRAMADOR DE HISTORIAS" 

 

AMIGOS GUIAS Y SOCIEDAD DE AMIGOS BENEFACTORES DEL MUSEO LA LEYENDA

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TIENDITA Y CHOCOLATERIA DEL MUSEO LA LEYENDA 

 

Te Damos la Bienvenida al Mágico Mundo del Museo La Leyenda

Este Museo está dedicado a todos aquellos que no se conforman con la realidad que perciben sus ojos, a los que aún buscan la verdad de todas las cosas y a los que pueden sentir la Magia Secreta del Universo en nuestras leyendas venezolanas.

Nos es grato dirigirnos a usted en nombre del Museo La Leyenda ubicado en la población de Pachaquito Municipio Peñalver del Estado Anzoátegui Venezuela, con el propósito de darle la bienvenida a este nuestro portal web y donde usted podrá encontrar información acerca de los programas de incorporación, visitas guiadas y todo un sin fin de actividades en materia museística, artística y educativa de nuestra región y de Venezuela.

 

(foto escritor y literato Dr José Delfín Carrillo-Venezuela tomada en el Museo La Leyenda)

De Dios proviene todo lo bueno que existe, pero también lo bello, siendo este el punto de partida de la virtud de la Elegancia. La elegancia comienza desde dentro. Esta virtud nos habla por tanto también de nuestro comportamiento; nos implica tener limpio nuestro interior, ordenado, en armonía, lleno de lo que verdaderamente vale la pena. Lo exterior es incapaz de tocar el interior, pero lo interior por el contrario inevitablemente se ve reflejado en el exterior, de ahí la importancia de trabajar constantemente en el mejoramiento a través de las virtudes y de ordenar lo que tenemos dentro. Un autor define la virtud de la elegancia como el perfume del espíritu.

Imaginémonos la rutina personal de la mañana primero el baño, luego el vestido, los detalles extra que cada persona tenga y por último viene el perfume; eso mismo ocurre en nuestra alma, al vernos sucios con el pecado comenzamos primero con una limpieza general que es la realización de un examen de conciencia y la asistencia al sacramento de la Reconciliación, luego empezamos a vestirnos con las virtudes y al vernos ya en orden, entonces viene la virtud de la elegancia a darnos este toque final. Es por lo tanto una virtud que podemos definir como un aroma interior que desprende una persona luego de irse corrigiendo y moldeando, la cual hace que incluso su misma presencia sea placentera.

La verdadera elegancia tiene dos componentes claves, el primero es el buen gusto, que es una capacidad de discernimiento que nos lleva a comprender las cosas como bonitas o feas, pero no se limita a los físico, sino también al ámbito de las costumbres, de la convivencia, de las conductas y obras humanas; es fundamental comprender que no es algo innato, sino que depende del cultivo espiritual de la educación y de la conciencia. El otro componente es la distinción, que es lo opuesto a lo vulgar, que ya tiene connotaciones de desaliñado y sucio. La distinción lleva a sobresalir, a ser rectos, actuar con señorío. ¿ser elegantes? Es en primer lugar un sello personal, no va ligado a vestirnos de forma costosa o de gastar dinero excesivo en accesorios. Las personas elegantes tienen sus propias ideas y convicciones, son seguras y su motivación esta basadas en la búsqueda de la verdad, el bien y la belleza, lo cual nos remite a la búsqueda de Dios. Esto empieza a verse reflejado en el porte, ya que se saben en el lugar correcto, no tienen motivos para bajar la cabeza ni para andar encorvados, la elegancia vista de forma moral empieza con el reconocimiento de que eres un Hijo de Dios y por lo tanto debes comportarte como tal. La elegancia nos habla también de finura que se nota en la forma en la que se habla y se trata a los demás, el fino es quien habla en el tono preciso, de forma cordial y afable, que trata a todos de la misma manera pues no busca juzgar a nadie, sabe decir las cosas bien dichas, por lo tanto la elegancia también nos remonta a la prudencia, saber que decir, cuando decirlo y como decirlo.

Esta virtud nos implica una exigencia continua, pues no es algo que podemos ser hoy y mañana no, quiere decir entonces que tenemos que vivir también la virtud de la coherencia, pues cada uno desde su propia vocación o desde su estado, debe ser elegante como se le exige, si eres un estudiante universitario tienes una forma muy diferente de ser elegante que por ejemplo el gerente de una empresa, igualmente una mujer de 60 años vive una elegancia diferente a una de 20; es decir que esta virtud nos lleva a sabernos reconocer por lo que somos y a no aparentar. La persona elegante no busca llamar la atención, es discreta, callada, humilde, busca comprender y aprender. Pero tampoco llegando al extremo de la simpleza exagerada, pero si de la sencillez. Es una persona que no pierde la calma, es serena, sabe dominarse a si misma. Es espontánea, más no impredecible. Es una persona que vive la virtud de la caridad y la misericordia, pues es sensible a las personas, a sus necesidades y busca ayudarles.

El mayor encanto de una persona entonces, no es su belleza física ni su personalidad, aunque estas puedan arrasar lo que hace realmente encantadora a una persona es su elegancia, como en su trato es delicada, como su esencia es tranquila, tiene un pensamiento claro y tiene un corazón bondadoso.

(foto escritor-chef José Delfín Carrillo-Venezuela Museo La Leyenda)

Finalmente encontramos que el orden interior se ve reflejado en lo exterior, es por eso que estas personas que han aprendido a ser elegantes en sus almas, tienen un buen gusto estético en el vestido, siempre pudoroso, pues saben que no es necesario mostrar sus cuerpos para agradar a los demás, saben usar los accesorios correctos, tienen un excelente aseo personal, tienen una sonrisa transparente y que ilumina, un excelente vocabulario ya que no utilizan palabras vulgares ni soeces. Así como el hecho de tomar una manguera y disfrazarme de bombero no nos convierte en uno, ponerte tus mejores vestidos sin antes organizar el interior no te hará una persona elegante, pues esta no es una virtud a la que se recurre en situaciones especiales, sino que es una manera de ser y de vivir.